El mendrugo y la mordaza es un cuento de Unamuno publicado en 1921 en la revista Nuevo Mundo. Como dice en las primeras líneas del texto, se trata de un monólogo y no de un diálogo, ya que se nos presenta el debate de dos personalidades conservadoras por lo que carece de confrontación de opiniones.
El texto fue escrito en un momento socio político complejo, ya que se vislumbraba el ascenso al poder de Primo de Rivera. Pero el miedo no calló a Unamuno, sino que le dio alas y tinta. En este cuento aborda problemáticas sociales como el rechazo de los obreros a las patronales y el despegue del sindicalismo.
"El mendrugo " hace referencia al trozo de pan que los empresarios deben dar a sus obreros para contentarles y calmar sus protestas. " La mordaza" es el paso siguiente, y es un símbolo de la ley de fugas, cuándo el mendrugo no les es suficiente y siguen protestando.
Un concepto muy importante en el cuento es el de la patria, que sale a colación en la discusión del texto por el delito de "lesa patria " y sostiene que los anarquistas son librepensadores y rechazan el concepto de patria, y no se conforman ni con el mendrugo ni con la mordaza.
El final del texto se corresponde con una visión global del conflicto; el Caifás (gobierno) es el culpable del asunto, ya que se limita a decir lo que el pueblo quiere oír y dar a todos la razón.

De actualidad, es un artículo publicado también Nuevo Mundo, el 28 de enero de 1921. En este artículo, la personalidad política de Unamuno se teje detrás de la descripción de grandes obras literarias, que le permiten hablar de la política actual.
Compara dos cuestiones muy importantes y hace una distinción esclarecedora para entender esta asignatura y la relación entre periodismo y literatura; como se nutren y como solventan sus carencias. Mediante la confrontación entre literatura y actualidad política, confronta también el carácter eterno de la primera frente a la efimeritud de la segunda. La política verdadera la hacen los escritores, y no los políticos, ya que estos últimos se dedican a hablar sin decir nada, construyendo así una política pasajera y sin importancia. La verdadera actualidad se encuentra en los libros; pues sirven para cualquier momento de la historia.
Gracias a su carácter atemporal, los libros son eternos; nos permiten entender mejor el pasado, pero también el presente. La verdad de la literatura es más sincera que la palabrería de los políticos.

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