Una entrevista del 10 de junio de 1916, en plena guerra mundial, en plena gran guerra, nos acerca a él. Su único ejército son los libros. Su única trinchera son los libros. Su único castillo son los libros. Y la maleta que siempre le recuerda, como el cráneo a los ascetas, que la vida no es eterna.
Sus respuestas tejen su vida de manera cercana y amable. Critica el desinterés de la España de aquel momento por la filosofía, ni Madrid ni Barcelona le saciaban su ansia de aprendizaje, a excepción de Ginés y Salmerón. Vivió en París gracias a su talento literario y utilizó la palabra no solo como alimento, sino también como disfraz. Su pluma escondía a individuos distintos. Allí escribió su famoso "Glorioso" y conoció a Poncairé, el hombre que le enseñó ciencia y filosofía.
Estuvo también en Alemania, en Italia, en Holanda, en Suiza.. Como dice él " Dónde estuviese su espíritu". Y después de lo aprendido y de lo viajado, no aspira a nada más que a la serenidad y a ser un hombre idealista que persigue la ilusión en el tiempo. La armonía, la calma y el equilibrio, son para él los valores más importantes.
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